Sueños sobre la red mundial enfermera antineoliberal

 

 

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La idea de una red enfermera transnacional y antineoliberal 
 es  pensar  entonces en constituir una de aquellos agentes minoritarios
que conforman el flujo entero de los movimientos sociales.

Lorenzo Marvelli

Me permito enviaros algunas reflexiones. No sé si llegaremos alguna vez a encontrarnos para poner en práctica algo concluyente. Pero considero, en un primer análisis, la posibilidad de socializar las emociones, los deseos, los afectos, como posible punto de partida y por tanto de un claro rechazo respecto a todas las prácticas disciplinares y de control que tenderían a transformarnos en consumidores de productos absolutamente incapaces de pensar y actuar por sí solos. Pienso que al escribiros y uniendo mis pensamientos  a los vuestros, quizás leyendo en el futuro vuestras respuestas, vuestras críticas, pienso en definitiva, que haciendo todo esto, resto mucho tiempo al ir de compras, al consumo inmotivado o exagerado por los objetos de consumo, al aburrimiento existencial, al silencio, a la muerte. Al escribiros, siento que puedo resistir, me siento vivo,  y siento que tengo coraje y valentía. En resumen, creo poder vivir luchando. Moriría si no lo hiciera. Y pensar, el buscar pensar junto a otros, es el inicio de la lucha. 

El punto de partida es la concienciación de la actual fase de desarrollo capitalista que, obsesionada por la economía, ha concentrado sus devastadoras intervenciones en todas las esferas del ser vivo determinando por una parte la exclusión de la mayor parte de los hombres y mujeres de niveles de vida aceptables, por otro lado, el ataque frontal y violento a los derechos hasta hace poco considerados inviolables como la comida, la salud, el agua, la educación, la información, los cuidados, la paz.

La operación capitalista se desenvuelve pues en dos frentes diferentes, el de  la “finanziarización” de la economía hasta el  la peligrosidad y el de la guerra al ser humano  dirigida, ya sea en los países ricos mediante medidas  de seguridad, disciplinarias, de reclusión y control pero también en los países pobres mediante verdaderas y propias campañas de ejércitos dotados de armas de destrucción masiva. 

Las nuevas políticas de privatización de los servicios son  la verdadera raíz del problema de la sociedad y en mayor medida en aquellas más pobres. Y así, al considerar mercancía cada elemento o aspecto de la vida, cada acto o comportamiento como beber, comer, estudiar, comunicar, tratar las enfermedades, es considerado únicamente como una operación  de consumo: todo se vende, todo se compra,  todo esta circunscrito a  su valor de intercambio.

También las políticas de trabajo que caminan juntas a la desarticulación y abolición del estado social y de las formas de cooperación social, cambian de aspecto: la precariedad es la nueva palabra de ordenación y es la traducción postmoderna y postfordista del concepto de esclavitud. 

Finalizado el periodo en el que la fábrica era el centro de la producción de géneros pero también el lugar de creación de relaciones importantes entre trabajadores, ahora toda la vida se centra en el trabajo, por todas partes y en cualquier lugar. La dirección es la de empujar a las personas  a trabajar a tiempo completo, alejándose continuamente a cambio de sueldos exiguos. El resultado está a la vista de todos: un sistema mundial globalizado dirigido a la producción y al consumo frenético de recursos, en la obsesión por el mercado, por la esfera de la economía, en la creación de monopolios; un sistema que mata al ser humano y la medio ambiente con cada dispositivo de que dispone pero sobre todo con la guerra y con la represión policial. Un sistema en definitiva que promueve la pobreza generalizada y la concentración de riqueza en manos de aristocracias mundiales con todos los medios posibles.  

Partir de esta sintética plataforma, movernos  todos juntos como si debiéramos iniciar un viaje, un traslado, un éxodo es según mi punto de vista,  el primer paso de la resistencia posible. 

En efecto, creando redes externas a los gobiernos y administraciones, constituyendo sistemas de enlaces  sociales, dentro de las cuales hacer circular información, comunicación pero también afectos, cuidados, relaciones, deseos, sueños, expresiones de necesidades, en resumen, en la posibilidad de sustraerse al sistema buscando con determinación y poniéndose en movimiento, se halla la hipótesis del cambio  de las actuales condiciones de vida.

 Es en el “general intellect” o lo que es lo mismo en la inteligencia colectiva, en la intelectualidad de la masa, donde se halla la clave para hacer saltar el estado de las cosas.

 Precisamente en un mundo que hace de la comunicación y la información aspectos fundamentales de la vida, es necesario utilizar el lenguaje en su múltiples formas y en sus múltiples posibilidades para interrumpir los actuales procesos de desarrollo capitalista.

 No puede ser otra guerra la solución a la decena de guerras existentes en este momento.

 Son precisamente el movimiento, la participación en las redes que trabajan para ir  hacia lugares que no son estos, la responsabilidad y el cuidado hacia  alianzas potentes, la “práctica de lo común”, son precisamente estas cosas las que expresan el devenir minoritario y bueno, el  hallarse fuera de todas las prácticas de poder con el fin de desear un mundo mejor y una vida emocionante.

La idea de una red enfermera transnacional y antineoliberal  es  pensar  entonces en constituir una de aquellos agentes minoritarios que conforman el flujo entero de los movimientos sociales.

 Es aun solo un  deseo como forma de idea: pero puede convertirse en realidad.

 Es sólo un deseo aún como idea.

 Sólo si lo queremos, Sólo si lo hacemos.

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