|
Questo lavoro
presenta una riflessione sulle principali tendenze dell’umanità in un
mondo globalizzato. Viene analizzata la globalizzazione e le sue
conseguenze sociali e ambientali che mettono alla luce le disuguaglianze
e la mancanza di assistenza come importanti elementi di impatto nella
società a livello globale. Vengono indicati anche i principali effetti
sulla salute e le opportunità che la globalizzazione apre. Si analizza
il ruolo dell’assistenza e del prendersi cura nell’esistenza umana e le
caratteristiche della professione infermieristica che, in questo campo,
sono oggetto di studio e di intervento. Le tendenze di sviluppo del
nursing degli ultimi anni sono caratterizzate da un doppio processo di
cambiamento. Si puntualizzano le implicazioni della globalizzazione
nella trasformazione nell’infermieristica e si menzionano le nuove sfide
per il futuro, proponendo il nursing come l’arte, la scienza, la
filosofia, l’etica e la politica del prendersi cura dell’uomo.
Presentiamo la versione in lingua spagnola, per settembre sarà
disponibile la traduzione in italiano nel numero speciale di "Savar".
Pero la globalización no es un proceso lineal. Presenta
contradicciones y conflictividad crecientes que impactan en la salud de las
poblaciones a escala planetaria. Ha sucedido mejoramiento de la vida
cotidiana y de las condiciones de salud en el mundo. La tecnología de la
información ha impactado radicalmente en los servicios de salud. Pero
aumentaron las desigualdades, la pobreza, la marginalidad, el ataque al
medio ambiente y la enfermedad influidas por el grado de inequidad en la
distribución de los ingresos, mientras que los indicadores de salud dan
cuentas de que las sociedades más sanas no son necesariamente las más
adineradas.
En el año 2000 la Cumbre del Milenio propuso un esfuerzo
planetario para abordar las prioridades mas acuciantes de la humanidad. Las
Metas de Desarrollo del Milenio indican que es imperativo erradicar la
pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal,
promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer, reducir la
mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el SIDA y otras
enfermedades, garantizar la sustentabilidad del medio ambiente y fomentar
una alianza mundial para el desarrollo.
En el contexto de estos cambios mundiales el descuido
, dice Leonardo Boff2, parece convertirse en una de las
consecuencias más dramáticas de la globalización, mostrando una suerte de
crisis civilizatoria generalizada que se expresa justamente en el abandono
de niños y ancianos, en la soledad de los adolescentes, en el abandono de
los pobres y excluidos ... en fin, en el abandono del sueño de la
generosidad y la solidaridad, en la concentración individual y el abandono
de la de la cosa pública, en fin ... parecen estos, tiempos de impiedad.
Por eso, el cuidado de la comunidad en un mundo globalizado
representa un verdadero reto. Uds. han pensado bien: la enfermería, cuya
razón social es el cuidado –condición esencial de lo humano-, enfrenta el
desafío, al mismo tiempo que el imperativo ético, de un cambio de
pensamiento, de posición y acción para hacer frente a las necesidades de
cuidado de las comunidades en un contexto cambiante de amenazas y
oportunidades.
Esta presentación hace un énfasis particular en las
tendencias mundiales y el impacto de la globalización en la salud de las
comunidades en la convicción que es sólo entendiendo el contexto cómo la
enfermería puede ejercer mejor su misión de cuidado. Y concluye intentando
reflexionar sobre los desafíos que trae para la enfermería este estado del
mundo, desafíos que imponen una reflexión y una acción política profundas de
modo de poder re-situar la enfermería comunitaria como el corazón mismo de
esta praxis y como el campo de conocimientos, de responsabilidad social y de
intervención, estructurante, dinamizador y rector de la enfermería toda.
Mi vida profesional se constituyó en el marco de la salud
pública. Las experiencias de trabajo comunitario durante muchos años y en el
área de la salud mental determinaron que esa fuera la única y exclusiva
concepción posible que pude forjar de la enfermería, de modo que, aún
trabajando en grandes hospitales psiquiátricos, jamás pude imaginarme los
límites del hospital siendo el mismo siempre y necesariamente un espacio
comunitario, un ámbito donde pensar epidemiológica y socialmente, un
ambiente de práctica social enraizado y viviente de la comunidad misma.
Grandes tendencias
El Informe sobre el Estado del Futuro 2005, de la Universidad de las
Naciones Unidas comienza afirmando que el sorprendente desborde de ayuda
humanitaria a las víctimas del tsunami parece establecer una nueva marca en
la evolución ética de la humanidad. Este hecho inspira confianza en que
tendremos la voluntad necesaria para enfrentar decisivamente los desafíos
globales y ganar la competencia entre la constante proliferación de amenazas
y nuestra creciente habilidad para mejorar la condición humana3.
La población mundial ha llegado a los 6.500 millones. Las futuras sinergias
entre nanotecnología, biotecnología, tecnologías informáticas y ciencias del
conocimiento pueden mejorar drásticamente la condición humana por el
crecimiento en la disponibilidad de alimentos, agua y energía y por el mayor
intercambio de información entre las personas de todas partes. La
consecuencia será el aumento de la inteligencia colectiva y la creación de
mayor valor y eficiencia junto a la reducción de costos.
Sin embargo, aunque la humanidad dispone de los recursos suficientes y
pertinentes para enfrentar los desafíos globales, no se vislumbra aún,
cuánta sabiduría, voluntad e inteligencia se dedicarán a los mismos.
Las tendencias demográficas muestran que la población mundial crece a
un ritmo de 1,2%, sin embargo, no son parejas: la población aumentará
considerablemente en los países en desarrollo y tenderá a reducirse en los
desarrollados.
Para fines del 2007, la mitad de la población mundial vivirá en zonas
urbanas en ciudades de no más de 500.000 habitantes, aunque también aumentan
los grandes conglomerados urbanos: Tokio, México, Bombay, New York, Sao
Paulo y Delhi reúnen más de 15 millones de personas cada uno.4
Muchas de estas ciudades tienen enormes poblaciones de pobres, analfabetos,
desempleados, niños en la calle, jóvenes violentos y ancianos abandonados,
como efecto de la urbanización descontrolada. Las tendencias poblacionales
muestran el gran aumento de flujos migratorios que se concentran en
ciudades. El envejecimiento poblacional es una tendencia creciente. Las
tasas de fecundidad deficitarias o de reemplazo se dan en países
desarrollados, mientras que aumentan en países en desarrollo.
En el siglo XX se produjo el más rápido
descenso de la mortalidad general registrado en la historia de la humanidad
gracias a las mejoras en las condiciones de vida, aunque el SIDA está
produciendo aumentos en la mortalidad en África. Existen diferencias
demográficas entre los países en desarrollo y los desarrollados: los
primeros mantienen altas tasas de mortalidad materna, infantil y por VIH,
mientras que en los segundos el envejecimiento poblacional y el descenso de
la fecundidad preocupan a los países.
Las tendencias de cambio social
muestran creciente capacidad de cooperación y mejoramiento de la calidad de
vida de algunos pueblos, junto con intranquilidad política y social, estrés,
aumento del fundamentalismo, el terrorismo y choques entre ricos y pobres.
Las tendencias ambientales
exhiben el incremento de desastres naturales al mismo tiempo que una
voluntad general hacia el desarrollo sustentable.
Las tecnologías de la información
han producido enormes avances en las ciencias y las comunicaciones, han
generado redes internacionales e impactado de manera importante la fluidez
en la traducción de lenguajes hacia una comunicación global.
El explosivo desarrollo de la
ciencia ha permitido un enorme mejoramiento de la vida de muchas
personas, al mismo tiempo que generado tecnologías cuyo uso discrecional
amenaza el ambiente y la seguridad de las naciones. La tecnología del
transporte ha facilitado los flujos migratorios y el incremento a escala
planetaria de las transacciones comerciales.
Pero, en este marco, la más impactante
tendencia es la de la globalización, marco determinante y
condicionante del nuevo orden mundial.
Globalización
La globalización, indica Buss5, es un proceso económico, social y
cultural establecido en las dos o tres últimas décadas del siglo XX, cuyas
principales características incluyen, en escala nunca antes alcanzada, las
siguientes:
·
Crecimiento del comercio internacional de
bienes, productos y servicios
·
Transnacionalización de mega-empresas
·
Libre circulación de capitales y
competivividad económica basadas en el uso intensivo del conocimiento
·
Privatización de la economía y minimización
del papel de los gobiernos y de los Estados-Nación
·
Fortalecimiento de barreras comerciales
proteccionistas y regulación del comercio internacional según las reglas de
la OMC
·
Facilidad de tránsito de las personas y los
bienes entre los países
·
Expansión de las posibilidades de
comunicación, surgimiento de la sociedad de la información e incremento del
contacto entre las personas
La
globalización es la interconectividad del capital, la producción, las ideas
y la vida cultural en marcha constante y creciente, mientras que, implícita
en la idea de globalización mas que internacionalización, yace la idea de
que nos movemos hacia una era de crecientes lazos entre naciones que superan
la noción del estado-nación, trayendo consigo un cambio profundo en la
concepción espacio-tiempo y en la dimensión congnitiva, flujos globales
crecientes y aumento y re-configuración de actores y escenarios. La
globalización instala un capitalismo de progreso unilateral concentrador de
riqueza y poder, lo cual elimina las expectativas de una globalización con
beneficios para todos. El efecto redistributivo resulta, en verdad, inverso.
La globalización ha determinado que para muchos la vida sea
hoy más larga y saludable que en cualquier otra época de nuestra historia.
La esperanza de vida al nacer aumentó en los últimos 40 años más rápidamente
que en los 4000 años que la precedieron. Pero no todos se beneficiaron por
igual; en la mayoría de los países existen marcadas diferencias.
Muchos autores y organizaciones son críticos de este
proceso. La Comisión Mundial sobre Dimensiones Sociales de la Globalización
insiste en que el proceso de globalización actual está produciendo
resultados desiguales entre los países y al interior de los mismos y son
demasiadas las personas que no participan de los beneficios.
Así, afirma Birdsal 6 que los mercados globales
son inherentemente “desigualizantes” y provocan el incremento de desigualdad
entre los países y aún dentro de ellos. La enorme diferencia del promedio
de ingresos entre los países más ricos y los más pobres ha crecido de 9 a 1
en el 1900 a 100 a 1 hoy en día y los países más ricos hoy –que ya lo eran
hace 100 años- como los de Europa, Norte América y Australia, continúan
enriqueciéndose.
Aún cuando la riqueza mundial actual -estimada en 24
trillones de dólares anuales- sigue aumentando, cerca de 1,2 billones de
personas en el mundo viven con menos de 1 dólar por día y la mitad de los
habitantes del mundo viven con menos de 2. En Asia meridional el 37% es
pobre (448 millones de personas). En América Latina y el Caribe el número de
personas pobres creció de 48 a 57 millones durante la década del ’90: una de
cada 10 personas en la región vivía con menos de un dólar al día cuando
comenzaba el milenio. 7
La OIT afirma que las desigualdades globales son
inaceptables desde el punto de vista moral e insostenibles desde el punto de
vista político. A decir de Kickbusch8 estas condiciones
constituyen la base material para el impulso de cambios de valores,
de ética y de comportamientos de los individuos, de los estados,
instituciones y organizaciones.
Inequidades en salud
Una de las
principales marcas de la globalización radica en el modo como sus mecanismos
se expresan, producen, sostienen e incrementan la inequidad en salud
constituyendo un estado de injusticia social.
En los
países más desarrollados del mundo la esperanza de vida al nacer era en el
2001 de 78 años y de 51 en los menos desarrollados; la mortalidad infantil
de niños menores de 1 año es de 6 por 1000 nacidos vivos en los primeros y
100 por 1000 en los segundos, mientras que en la de menos de cinco asciende
a 159 en los países más pobres.
En Sudáfrica
la mortalidad infantil es cinco veces mayor entre los negros que entre los
blancos; los varones que viven en los condados más ricos de Estados Unidos
pueden esperar 16 años más de vida que los de los más pobres; en Chile las
personas menos educadas son las que más enferman; en Inglaterra las mujeres
con afecciones crónicas tienen más posibilidad de perder su empleo que en
Suecia; en Japón, los trabajadores agrarios tienen menos esperanza de vida
que los gerentes y profesionales. 9
La globalización trae también consigo consecuencias sobre condiciones y
enfermedades específicas, por ejemplo las derivadas del turismo sexual
internacional y la transnacionalización de las enfermedades transmisibles
nuevas y re-emergentes; el SARS, el dengue, la gripe aviar, las fiebres
hemorrágicas virales, la salmonelosis y la escherichia-coli son algunos
ejemplos de ello. Entre las llamadas enfermedades re-emergentes se cuentan
la poliomielitis que abunda en 15 países de África por déficit de
vacunación, la epidemia de cólera que afectó a 75 países en los últimos 40
años, la fiebre amarilla y la tuberculosis resistente, entre otras.
En el 2001, 40 millones de personas vivían con SIDA en el mundo y de ellos 3
millones morían por año. La proyección indica que para el 2020 morirán 68
millones de personas en los 45 países más afectados. En Latinoamérica y el
Caribe, cerca de 119.000 personas murieron a causa del sida en 2003 y unas
200.000 resultaron infectadas con el VIH. Cerca de 1.000.000 de personas en
la región sufren de malaria. 14
Los recursos
humanos en salud, componente activo más importante del sector, exhiben
viejos y nuevos problemas. Su cantidad y distribución son inadecuadas, las
migraciones amenazan sistemas de salud en países pequeños, las
desvinculación entre educación, servicio y prioridades de salud produce
frustraciones en los profesionales e ineficiencia en la atención; las
condiciones de trabajo se precarizaron en los países menos desarrollados y
las prácticas tradicionales colisionan con los requerimientos del sistema.
Sin embargo, el estatus político de los crisis de recursos humanos en salud
ha ascendido a la agenda internacional como factor crítico para la salud, la
economía y la seguridad mundial. En función de ello, una alianza mundial a
favor del desarrollo de recursos humanos en salud planteó en 2006 un plan de
desarrollo de largo plazo para contribuir al logro de los Objetivos del
Milenio.
Oportunidades
Con todo, dice el Dr. Buss, la globalización trae también señales positivas.
La creación del sistema de Naciones Unidas a mediados del siglo XX y de la
Organización Mundial de la Salud, representó un avance importante para el
diálogo y la convivencia pacífica de las naciones así como para la
cooperación a favor del progreso de todos los países y personas del mundo.
En la última década del siglo XX se instaló un sistema de diálogo
internacional caracterizado por el desarrollo de grandes conferencias
temáticas con miras a preparar el mundo para el siglo venidero. Más
de 15 conferencias y cumbres mundiales debatieron y emitieron declaraciones
en favor de los niños, el medio ambiente, los derechos humanos, las
poblaciones, la mujer, el desarrollo social, la alimentación, el desarrollo
sustentable, el financiamiento y los objetivos del milenio, y se conformaron
comisiones mundiales de estudios sobre macro-economía y salud, sobre
determinantes sociales de la salud, entre otros
La salud se
ha instalado en la agenda política mundial como una cuestión de seguridad,
de política exterior, de macro-economía y de derecho humano y de estas
condiciones ha emergido el concepto de salud global como un nuevo
contexto, una nueva conciencia y una nueva estrategia de abordaje del
gobierno de la salud en la sociedad planetaria. Según Kickbusch16,
esta intencionalidad colectiva constituye un esfuerzo global en pos de la
construcción de una nueva agenda: la de aprender a ser una sociedad mundial.
La globalización también puede concebirse como una fuerza emancipadora,
provista de la información y la capacidad para construir puentes y utopías.
Según Santos17 los progresos de la comunicación y la información
permiten que el mundo esté más cerca de cada uno; no importa donde, la
humanidad parece más próxima, la conciencia de ser mundo se instala
en los lugares por la presencia de una humanidad mezclada de razas,
culturas, lenguas, renovado entendimiento y tolerancia, enriqueciendo el
cotidiano individual y colectivo. La mutación tecnológica, a partir de la
ingeniería genética, autorizó la promesa de la mutación biológica del
hombre; pero una mutación filosófica está esperando, la del hombre capaz de
atribuir un nuevo sentido a la existencia de la persona, de la humanidad y
del planeta.
A cerca del cuidado
Leonardo Boff, teólogo y filósofo brasilero, Premio Nobel Alternativo de la
Paz, miembro de la Comisión de la Carta de la Tierra, dice en su libro
Saber Cuidar que la crisis generalizada que afecta a la humanidad se
revela por el descuido con que se tratan las realidades más
importantes de la vida. La crisis es civilizatoria. Para salir de ella se
precisas una nueva ética que ha de nacer de algo esencial en el ser humano.
La esencia humana reside mucho más en el cuidado que en la razón o en la
voluntad. Cuidar es más que un acto, una actitud. 18
El más grande estudioso del cuidado, Martín Heidegger19, en su
famosa obra Ser y Tiempo entiende que el cuidado, desde el punto de vista
existencial, es ontológicamente anterior a toda actitud o situación del ser
humano. El cuidado se encuentra en la raíz primera del ser humano y
representa un modo-de-ser esencial, presente, irreductible, constituyente y
base posibilitadota de la existencia humana. Heidegger habla del cuidado
como anticipación, ocupación y solicitud, entendiendo que la noción de
alteridad es intrínseca al mismo y que la expresión “cuidado de sí” sería
una tautología.
El cuidado surge cuando la existencia de otro adquiere importancia para mí,
en consecuencia, me dispongo a participar de su existencia; es ese
modo-de-ser mediante el cual salgo de mí para centrarme en el otro con
desvelo y solicitud, desplazo la preocupación por mí misma y hago que el
otro tome prevalencia.
El cuidado incluye dos significados íntimamente ligados: el primero, la
actitud de desvelo, de solicitud, de atención hacia el otro; el segundo, la
preocupación, la inquietud, la involucración, porque supone una implicación
afectiva con el otro cuya condición conmueve mi actitud y moviliza mi
acción. Pero cuidar también es pensar; cuidar proviene de cogitare que
significa pensar este segundo significado de preocupación e inquietud se
vincula con el concepto de cuidado como pensamiento en el otro.
La historia del cuidado humano es tan extensa como la historia de la
humanidad, sin embargo, el proceso de profesionalización del cuidado se liga
a la historia de la atención de la enfermedad, más específicamente al
desarrollo de las instituciones de atención médica y al de la medicina como
ciencia.
La historia
le ha dado a la enfermería el incomparable encargo social del cuidado
profesional. No entender estas raíces y la trascendencia de este encargo,
significa no entender la misión social de la enfermería como profesión.
La evolución
histórica de la enfermería y su articulación orgánica con los procesos
sociales, políticos y científicos, ha confluido en un estatus presente de
configuración profesional que la ubica en un lugar destacado de aporte al
bienestar humano y una condición de imprescindibilidad de su misión en la
prevención de las enfermedades y la recuperación de la salud; pero lo que es
más importante, un reconocimiento de su contribución a la atención de las
personas enfermas o en riesgo, no para curar, sino para confortar, para
hacerse cargo del impacto de la enfermedad en la persona total, para
complementar las capacidades debilitadas y potenciar las presentes, para
aliviar, para asegurar.
Los últimos 30 años han representado para la enfermería un proceso de
despegue que pocos hubieran imaginado tiempo atrás, proceso en que la
enfermería comienza a constituirse como actor social y, en una ética
consistente con ese pensamiento, produce análisis inteligentes, desencadena
programas estratégicos y crea condiciones políticas, técnicas y humanas para
conducir el desarrollo.
Ese nuevo lugar es, en realidad, un lugar de distinción para el cuidado
humano, el lugar que las sociedades y los sujetos, que saben de su
trascendencia para la vida, le otorgan con carácter de imprescindible.
Por eso es posible
pensar que el contexto global, la enfermería transita un doble proceso de
cambio: un cambio regresivo y otro progresivo que permite
advertir positividades y negatividades, unidad en la diversidad,
dialogicidad y movimiento.
El cambio regresivo
ajusta la enfermería de muchos países, en especial los países en
desarrollo a las consecuencias negativas de la globalización, las
diversidades e inequidades del desarrollo y las consecuencias de la reforma
del sector salud.
En contraste, un cambio progresivo también esta sucediendo, como
expresión del cual la contribución de las enfermeras a la salud se registra
en la valoración mundial como imprescindible; el progreso en el
conocimiento, el uso de la tecnología, el proceso de profesionalización y la
participación de las enfermeras en las decisiones de políticas de salud,
representan, entre otras, señales de ese progreso.
Tampoco es posible caracterizar un mundo igual en la
enfermería. Las diferencias, desigualdades e inequidades de la
globalización también la incluyen conformando un mapa multicolor en el marco
del cual, con todo, emerge la unidad de la esperanza: dondequiera que uno se
encuentre, cualquiera sea la enfermera con la que se dialogue, la esperanza,
la voluntad y el amor a la gente, emergen como una distinción promisoria y
unívoca: la de un mejor cuidado para la humanidad.
El reto de cuidar
Las transiciones demográfica y epidemiológica de la
humanidad unidas a las consecuencias de la globalización presentan un
panorama cambiante que exige de la enfermería un franco re-posicionamiento
en relación a su tradición profesional. La noción de salud global no
es un mero concepto, es también la vivencia de mundo de verificación
cotidiana y una realidad creciente que demanda pensamiento y responsabilidad
por la humanidad planetaria.
El envejecimiento poblacional, la urbanización, la
disminución de la fecundidad, las migraciones y las causas diversas de la
mortalidad determinan que las enfermeras deba rápidamente prever estrategias
de educación y planificación para asegurar cuidados pertinentes a los
ancianos, a las víctimas de la violencia urbana, a los problemas de
transculturación de poblaciones completas y a las nuevas causas de la
mortalidad.
Los desastres crecientes y los conflictos bélicos
demandan de la enfermería el urgente desarrollo de competencias para proveer
cuidados en situaciones de emergencia y programar cuidados para enfrentar
las consecuencias mediatas de esas situaciones, incluida la discapacidad.
La pobreza, el analfabetismo, la desnutrición, la
desprotección social, exigen de las enfermeras una revisión de su misión y
una reorientación franca hacia la consideración de los procesos sociales
micro y macro determinantes de la salud y la enfermedad.
La mortalidad materna y la mortalidad infantil por
causas prevenibles constituyen un foco central de la responsabilidad de las
enfermeras.
Las enfermedades infecto-contagiosas, su capacidad de
diseminación a nivel planetario y su amenaza con la destrucción de
comunidades completas, requieren de las enfermeras un fortalecimiento y
re-direccionamiento epidemiológico de sus bases conceptuales, de sus
intervenciones y de su capacidad anticipatoria y preventiva. Se requiere que
el abordaje del SIDA, como cuestión global, ingrese definitivamente en la
preocupación y en la agenda de cuidados integrales de la enfermería.
El suicidio, las drogas y los problemas de sufrimiento
psíquico requieren adquirir primacía en la preocupación y el desarrollo de
las enfermeras.
El problema de la inequidad de acceso a las riquezas, a
la atención de salud y a la información debe constituir el centro crítico de
una nueva visión de la enfermería. La inequidad subyace a la gran mayoría de
los problemas de salud, constituye una cuestión política y supone renovadas
intervenciones sociales basadas en una ética del derecho humano a la salud,
a la libertad y a la ciudadanía. Asumir el problema de la inequidad supondrá
para la enfermería enormes cambios: implicará hacer conciente la propensión
a la inequidad, reconocer que la inequidad se expresa en la salud de manera
dramática, influir en el cambio de los sistemas de salud hacia un cuidado de
acceso universal y generar prácticas óptimas, pero el cambio esencial será
el de asumirse como sujeto político en lucha por una humanidad más justa.
La inequidad es también un mal de la enfermería. Basta
con una mirada rápida a los salarios, las jornadas de trabajo, los recursos
materiales, el acceso a la formación y el reconocimiento social de las
enfermeras, para tomar dolorosa conciencia de esas desigualdades.
Tomar en cuenta la crisis de los recursos humanos en
salud en el mundo, constituye un imperativo de salud global de difícil pero
imprescindible y urgente abordaje. Supone poner el foco en las prioridades
de salud de las naciones y en las condiciones de acceso a la atención. Luego
requiere un esfuerzo consciente para identificar insuficiencias,
distribución inequitativa, falta de competencias, desmotivación, malas
condiciones de trabajo, motivos de abandono y causas de la movilidad
internacional, con el objeto de delinear la magnitud de la crisis. Exige una
nueva comprensión de los recursos humanos en salud como campo de fuerzas
donde educación y trabajo, mercado de trabajo, procesos de
profesionalización, políticas, regulación y gestión en el contexto de la
dinámica económico social, configuran un escenario complejo de actores,
intereses y tensiones que demandan intervenciones a largo plazo.
La meta ha de ser el acceso equitativo para todas las
poblaciones a una fuerza de trabajo adecuadamente formada, competente y
motivada para contribuir a lograr el más alto nivel posible de salud.
20 Esto implica un esfuerzo global de
imaginación, cooperación internacional y alianzas para construir una nueva
historia de equidad, pertinencia, compromiso social y bienestar de la fuerza
de trabajo en salud, de la cual las enfermeras representan una importante
parte.
Comprender el reto
El
reto se construye como amenaza y oportunidad. Según Beatriz Gómez,
distinguida Profesora de Ética de la Universidad Nacional de Córdoba,
Argentina, fallecida hace un año, el desafío del cuidado en un mundo
globalizado, se inicia con dos preguntas:
¿Estamos cuidando a todos?
¿Estamos cuidando bien?
El desafío que tiene la enfermería por delante no es
breve, no es simple: es el desafío de cuidar el mundo y el desafío de
cuidarlo bien.
La base
ético-política de este reto ante el escenario global, tiene implícitos, a mi
modo de ver, seis valores esenciales:
·
El valor del derecho a la salud y a la
ciudadanía
·
El valor de la equidad
·
El valor de la excelencia
·
El valor de la tolerancia
·
El valor de la solidaridad y
·
El cuidado como valor existencial
El desafío de cuidar a las comunidades en un mundo
globalizado y de cuidarlas bien supone una transformación paradigmática de
la noción de cuidado de enfermería, históricamente focalizado en el
individuo, que necesariamente ha de partir de la conciencia de mundo y que
implica la adopción de la comunidad global como unidad de análisis y sujeto
de cuidado.
El desafío de cuidar el mundo y de cuidarlo bien,
supone un cambio de problemas, un cambio de abordajes, un cambio de
tecnologías, escenarios diferentes y prácticas distintas.
E implica la comprensión de las
dialécticas mundo-región-mi país-mi ciudad. Así, tanto la figuración del
estado de la salud en el mundo cuanto nuestra preocupación y compromiso con
ella, pasan al mismo tiempo por el entendimiento y cuidado de esta pequeña
parte de mundo que es “mi ciudad” en donde el mundo se expresa
integralmente, por el entendimiento de las intermediaciones globales que,
sin metáforas, hacen de “mi ciudad”, el mundo y por la comprensión, la
conciencia, la preocupación, la solicitud, y la acción por el buen cuidado
de enfermería en otras partes del planeta.
El desafío de cuidar el mundo y de cuidarlo bien supone
acción política, abogacía, participación, cooperación y renovados estilos de
gestión, modelos educativos orientados a las prioridades de salud de las
naciones en sí mismas y en inteconexión global, nuevos objetos de
investigación, una enorme acción asociativa y la definitiva e inexcusable
adopción del trabajo en equipo, así como la noción de intersectorialidad.
Este salto cualitativo es requerido a la enfermería en una
época donde las condiciones están dadas: las enfermeras disponen ahora del
estatus global de imprescindibilidad de la enfermería, disponen de la
información y el conocimiento científico, de la conectividad, de la
tecnología de la salud, de la comprensión de los macro-determinantes, de la
posibilidad de alianzas y prácticas colaborativas, de acceso a experiencias
exitosas de cuidado en otras partes del mundo y de la capacidad de
solidaridad y el amor por la gente, condiciones que jamás perdieron.
Las enfermeras tienen el espacio común de la esperanza y la
capacidad de la solidaridad para con otras poblaciones y otras enfermeras de
diferentes partes del mundo, solidaridad que también requiere globalizarse
mediante acciones políticas y técnicas de cooperación internacional
ordenadas a conformar una red global de cuidados. No hay modo, ahora,
cómo desentenderse de las condiciones de salud en las comunidades más
postergadas.
Hemos dicho en oportunidades anteriores que entendemos a
la enfermería como una profesión del campo de las ciencias sociales, cuyo
objeto de estudio e intervención es el cuidado humano en cuanto implicado en
la constitución, vivencia, desarrollo, protección y recuperación de la
salud, que tiene como beneficiario al sujeto humano como ser cultural, a la
familia, los grupos, las comunidades y la sociedad planetaria como unidades
de análisis y cuidado. Entendemos al cuidado en su única condición posible
que es la de alteridad, vínculo amoroso y desvelo por cada sujeto y por la
humanidad.
Entendemos a la enfermería como la ciencia, el arte, la filosofía,
la ética y la política del cuidado humano, que se organiza y expresa
socialmente con identidad singular, en un complejo campo de conocimientos,
de intervención y de responsabilidad social propios que instituyen su
identidad profesional en relación con la comunidad y las otras profesiones
de salud.
La enfermería es ciencia
en cuanto supone un proceso de racionalización del saber ordenado por la
sistemática científica, en cuanto se fundamenta y construye como
conocimiento científico singular y en cuanto reflexiona metódicamente sobre
su práctica, la explora, la describe, la explica, la predice y la comprende.
Por fin, en cuanto aporta el saber sobre el cuidado humano al conocimiento
universal.
La enfermería es arte
en cuanto creación, expresión subjetiva y ajustada a cada acto de cuidado,
es arte en cuanto técnica y talento están implicados en el buen cuidado y es
arte en cuanto bella y armónica se propone la experiencia estética del
cuidado de cada ser humano en su contexto.
Pero también la enfermería es filosofía en cuanto inquisición y
pregunta constantes sobre la existencia humana, sobre sus vicisitudes y
trascendencia y porque indaga y reflexiona sobre los fundamentos ontológicos,
éticos, teleológicos y epistemológicos del cuidado.
La enfermería es ética
puesto que no hay posibilidad de concepción y práctica de la enfermería sin
la asunción del cuidado como valor estructurante de la entrega, la
solidaridad y la responsabilidad social. En otro sentido y basado en el
anterior concepto, las enfermeras no solamente desarrollan para sí, sistemas
de valores y comportamientos profesionales que regulan éticamente el acto de
enfermería. La ática del cuidado no reúne sólo los valores humanos que se
definen por norma para este acto, sino, el modo singular de existir, de
vivir y de ser cuidado.
Y por último
la enfermería es la política del cuidado humano. La naturaleza
inherentemente política de la enfermería se expresa en su marco ético,
conceptual y práctico en cuanto piensa en poblaciones, se ocupa de los
determinantes sociales de la salud y produce intervenciones sociales
orientadas a la equidad; ello representa un acto de distribución de poder,
que permite, mediante una acción social deliberada, construir un mundo algo
mejor, más justo, bien sea por medio de un niño sanado, de una enfermedad
impedida, de una condición social redimida o de una comunidad alentada más
libremente gracias al cuidado.
Por eso entendemos que las enfermeras constituyen sujetos de cultura y
afecto, educados para desempeñar su misión profesional de cuidado en
carácter de actores sociales que participan, a través de sus relaciones de
poder, en la construcción de la historia nacional y mundial, en la
estructuración y dinámica de los campos de la salud y de la ciencia y en la
edificación del futuro como instancia constituyente de la identidad
subjetiva y social.
Esta concepción multidimensional de la enfermería contiene el intento de
provocar una discusión crítica sobre su tradición histórica articulada al
modelo biomédico y concentrada en el hospital, una discusión que conduzca a
entender que la enfermería en sí misma nació y está llamada a recuperarse en
su predominante condición comunitaria ya que es allí donde la mayor parte de
los problemas de salud se desenvuelven, se expresan, pueden impedirse,
cuidarse y resolverse y porque es en la comunidad donde el ejercicio de la
promoción y protección de la salud puede contribuir al desarrollo social.
La resignificación y desarrollo de la enfermería comunitaria constituye en
resumen el desafío mayor si se entiende que, en el contexto de la
interdisciplina y la complementariedad intersectorial, la enfermería pude
dar su aporte a la renovación de la Atención Primaria de Salud como sistema
político, conceptual y práctico de la respuesta social organizada a la
salud de las comunidades; ámbito especial y específico donde el cuidado se
desenvuelva tan íntimo como comprensivo, tan solícito como abarcador y tan
complejo y pertinente como calificado, ordenado a cuidar a todos y a
cuidarlos bien.
Referencias bibliográficas
|